Alfabetización mediática

Concepto

La alfabetización mediática se define como «la capacidad de consultar, comprender, apreciar con sentido crítico y crear contenido en los medios de comunicación» (Comunicación de la Comisión al Consejo, al Parlamento Europeo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones, de 20 de diciembre de 2007, «Un planteamiento europeo de la alfabetización mediática en el entorno digital»). Para la Unesco, la alfabetización mediática e informacional «[…] capacita a los ciudadanos para que comprendan las funciones de los medios de comunicación y de otros proveedores de información, evalúen de forma crítica su contenido y tomen decisiones fundamentadas como usuarios y productores de información y contenido mediático». Por su parte, la Association for Media Literacy, en la línea de lo indicado por la Ontario Media Literacy Resource Guide, define este concepto del siguiente modo: «es la educación que aspira a aumentar la comprensión y el disfrute de los alumnos con cómo funcionan los medios, cómo producen significado, cómo se organizan y cómo construyen realidad».

Análisis

En el día a día, la mayor parte de los individuos toman conciencia del mundo que les rodea gracias a la labor mediadora de los medios de comunicación. Por razones obvias, son contadas las ocasiones en las que podemos tener acceso directo a lo que pasa –más allá de experiencias personales, familiares o profesionales–, y son los medios los que configuran, con la selección de acontecimientos, esa imagen del mundo. Además, hay que tener en cuenta que «la imagen de la realidad presente que construyen y articulan los medios con sucesos del pasado inmediato es una imagen proyectada hacia el futuro» (Gomis, 1991: 32). Así, los medios transmiten lo que ocurre en cualquier lugar y lo hacen conforme a unas reglas de tratamiento de la información (las rutinas periodísticas), pero no puede soslayarse que actúan también teniendo en cuenta aquellas circunstancias sociales, económicas o de otro tipo que les afectan en tanto que empresa periodística, pues si bien los medios se deben a sus lectores, no son ajenos a vaivenes de otro tipo. Recientemente, y debido a la influen- cia de Internet y las redes sociales, la presencia de los ciudadanos como testigos de lo que ocurre en cualquier lugar se ha incrementado en los medios de comunicación, pero cabe preguntarse hasta qué punto esas intervenciones pueden considerarse periodísticas, si no están mediadas por la inexcusable labor de verificación exigible a quienes desarrollan esa tarea desde una perspectiva profesional.

En un medio de comunicación escrito, sea impreso o digital, los contenidos se dividen, fundamentalmente, en informativos, interpretativos y opinativos. Los informati- vos –noticia, reportaje, entrevista– relatan los hechos atendiendo a unas convenciones formales –estructura de los textos, modo de titular, etc.–, y, en ellos, el periodista debería ser lo más transparente posible: se informa, contrasta, cuenta lo que ha sucedido de la forma más completa posible para la mejor comprensión por parte de sus lectores, pero no debería aparecer su interpretación ni opinión acerca de lo ocurrido. En la interpretación (por ejemplo, en la crónica), el periodista interviene en el texto de forma más activa: no se trata de que opine, pero sí de que interprete los hechos (de ahí la imprescindible identificación personal de toda crónica).

En la opinión, los periodistas –o los colaboradores de los medios– expresan lo que ellos piensan acerca de hechos sucedidos en días anteriores, o incluso sobre temas no estrictamente relacionados con la actualidad. La estructura de estos textos tiene un cariz mucho más argumentativo que expositivo; su función es, en principio, suscitar la adhesión de quien lee. La opinión, además, puede ser la de un columnista, o la del propio medio de comunicación (y entonces estamos hablando del editorial del medio: la pieza o piezas que, día a día, reflejan la línea ideológica de ese periódico). Por otra parte, como señala Bolinger (1980: 120) «en los periódicos, editorializar está teóricamente limitado a la página editorial, pero las simpatías de los directores y editores son sutilmente transmitidas en el lenguaje parcial utilizado para comunicar noticias. Esto no es necesariamente intencionado, cada cual busca instintivamente las palabras apropiadas para su propio punto de vista». Igualmente, los medios audio- visuales tienen también su línea editorial, la cual, aunque no se plasme en ningún espacio equivalente al editorial en prensa, se manifiesta también en el tipo de progra- mación que se realiza, en el enfoque de los contenidos tratados, etc.

Por último, es necesario también tener en cuenta la titularidad de los medios (su carácter público o privado) a la hora de entender determinadas decisiones empresariales o de otra índole que pueden reflejarse en lo que la ciudadanía percibe como contenido de los medios.

La alfabetización mediática, por tanto, se erige como una condición imprescindible para el desarrollo de una ciudadanía responsable: identificar las características, con- dicionantes y objetivos de los medios, distinguir entre información y opinión, dife- renciar entre una información veraz –contrastada– y otra sesgada o interesada, se consideran habilidades fundamentales para la configuración de una sociedad verda- deramente informada y, por tanto, formada para la toma de decisiones que atañen a su presente y su futuro.

Implicaciones

A partir de lo señalado en los apartados precedentes, es fácil comprender la importancia de los medios de comunicación en la configuración de las imágenes sociales y en la repercusión que determinados temas puedan alcanzar en la opinión pública, pues no cabe duda de que el modo en que se presenten los asuntos de actualidad (política, económica, social, etc.) puede influir en el grado en que los individuos (exceptuando a aquellos que los padecen directamente, que no tendrán ninguna duda acerca de su mayor o menor gravedad) se sientan concernidos por ellos. Así pues, la configuración que hacen los medios de la realidad es un aspecto clave para entender la forma en la que los ciudadanos reaccionan frente a esos asuntos.

Por tanto, la alfabetización mediática implica la necesidad de trabajar con los medios de comunicación, escritos o audiovisuales, ya desde la escuela, haciendo hincapié en los aspectos antes mencionados (por ejemplo, por qué un determinado acontecimiento puede formar parte, en un momento dado, de la agenda de los medios –o de  la agenda de algunos medios–, cómo la ideología se muestra de forma más abierta o soterrada en determinados textos opinativos o informativos, etc.), con el objetivo de crear una mirada crítica sobre los medios de comunicación que revalorice sus aspectos positivos, pero permita entender también aquellos otros que no lo son tanto.Optamos aquí por una división clásica de los medios de comunicación atendiendo a su soporte, de un lado, y a los tipos de contenido que ofrecen, por otro lado.

Referencias

Bolinger, D. (1980), Language-The Loaded Weapon. The Use and Abuse of Language Today, New York: Longman.

Comisión de las Comunidades Europeas (2007), Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones. Un planteamiento europeo de la alfabetización mediática en el entorno digital,http://europa.eu/legislation_summaries/information_society/strategies/l24112_es.htm 

Gomis, L. (1991), Teoría del Periodismo. Cómo se forma el presente, Barcelona: Paidós.

Horton, F. W. (2008), Understanding Information Literacy: a Primer, Unesco (2007).

Ontario Association for Media Literacy (1989), Media Literacy Resource Guide, Ontario: Ministry of Education.

Fecha de ultima modificación: 2014-04-07