Concepto

La lectura oral o en voz alta es una modalidad de lectura habitualmente reservada a los ámbitos de la vida pública (social, política, económica, académica...) y, por ello, escasamente tratada y abordada en la enseñanza, donde por el contrario se ha priorizado la lectura silenciosa o en voz baja.

Cualquier persona en su vida cotidiana practica la lectura silenciosa y, salvo circunstancias excepcionales o situaciones sociales puntuales, no suele verse en la necesidad de realizar una lectura oral o en voz alta.

Este panorama está cambiando. La irrupción de las nuevas tecnologías en nuestra sociedad ha permitido la proliferación de dispositivos electrónicos capaces de transmitir por vía oral todo tipo de textos, al tiempo que los ciudadanos los han aceptado como una forma de compaginar sus actividades personales o profesionales con la escucha simultánea de textos.

Mientras que antes la lectura de un texto o un libro requería un momento concreto y unas condiciones físicas y ambientales determinadas para poderla llevar a cabo, con la audición de la lectura cada vez es más frecuente escuchar el relato de un libro mientras se pasea, se viaja, se trabaja o, en definitiva, se ejerce cualquier otra actividad habitual.

Esta cada vez mayor extensión de la lectura en voz alta para ser escuchada por los ciudadanos ha dado como resultado la aparición del que se ha denominado audiolibro o, lo que es lo mismo, grabaciones de los contenidos de un libro, leídos en voz alta o, como muchos ya empiezan a llamar, libros que hablan.

Es evidente que la evolución del saber y de la cultura a lo largo de los siglos ha seguido un proceso que nos ha hecho pasar de la difusión oral (relatos orales) a la letra impresa, generalizada tras la invención de la imprenta. Pero también es verdad que, hasta ahora, los soportes tecnológicos se habían centrado en las audiciones musicales, pero no en los textos escritos o relatos.

Un antecedente importante de las lecturas oídas fueron los seriales radiofónicos, aunque limitaban la movilidad del oyente hasta que se generalizó el uso de los aparatos transistores. La actualidad del tema, su importancia y trascendencia, obligan a replantear el valor de la lectura oral o en voz alta y, sobre todo, la necesidad de consolidar en las personas la capacidad de comprender, utilizando el canal auditivo externo y no el interno, como suele ser lo habitual.

Es verdad que, cuando hablamos de lectura oral o, como es el caso, audición de una lectura, nos encontramos con dos habilidades que una persona debe demostrar: por un lado, la capacidad expresiva y la dicción, si es quien hace la lectura; por otro, la capacidad de escuchar y comprender lo escuchado, cuando es el receptor de dicha lectura. En este último caso, que es el que más conecta con la realidad del audiolibro, se combinan y complementan las dos habilidades lingüísticas relacionadas con la comprensión, tanto oral como escrita: escuchar y leer.

 

Análisis

Cuando analizamos las prácticas educativas en los diferentes niveles de la enseñanza u ojeamos la abundante literatura que existe en torno a la lectura, podemos comprobar cómo la comprensión o interpretación del escrito se asigna tanto a la lectura oral como a la silenciosa.

Este hecho genera un alto grado de confusión tanto en el campo teórico como en el de las prácticas educativas, impidiendo el desarrollo de estrategias didácticas que contemplen un tratamiento claramente diferenciador de la comprensión, según a qué tipo de lectura hagamos referencia. La nueva realidad que surge con las lecturas escuchadas abre un camino intermedio entre los procesos que se activan con la lectura en voz alta (oral) y la lectura en silencio.

Esto plantea un nuevo reto y una reorientación de las prácticas de lectura oral que se producen en los ámbitos educativos en una sociedad en la que se priorizan las habilidades escritas (leer y escribir). De entrada, se supera la dicotomía en la que se centraba el debate pedagógico.

Quienes consideraban que quizá habría que ir más lejos y hablar de comprensión o interpretación en la lectura silenciosa (visual) y de comunicación en la lectura oral (oralización) se encuentran ahora con que es necesario reconducir el sentido de la lectura oral que se practica en los centros educativos hacia lo que siempre debería haber sido.

El uso de la oralización en la enseñanza siempre solía conducir a esta situación extrema: la persona interioriza paulatinamente que leer es pronunciar y entonar correctamente, se escucha su lectura y obvia la comprensión. Solo en fases posteriores, cuando ha automatizado este tipo de lectura, se escucha a sí mismo incorporando a través del canal auditivo ciertos niveles de comprensión. Por tanto, el mecanismo para procesar la información ha sido el siguiente: la vista observa las grafías, se traducen a sonido y, al escucharse estos, se procesa la información.

Un proceso lento y tortuoso que hoy ejercita una numerosa población. La lógica más simple nos haría pensar que cuando un alumno oraliza –lee en voz alta– un texto está justificando que exijamos al resto que escuchen; sería una forma adecuada de que el lector practique la oralización, se olvide de la comprensión y sean sus compañeros los que sí practiquen esta en su vertiente oral mediante la audición.

Pues bien, esta actividad, tan aparentemente lógica, se deforma en la práctica, y al oyente no se le pide que escuche, sino fundamentalmente que siga la lectura de su compañero, que sepa en cada momento por dónde va leyendo. Se quiere uniformar el ritmo lector de todos y cada uno de los componentes de un aula, generando aburrimiento en los buenos lectores y ansiedad en aquellos que se ven incapaces de seguir la lectura de sus compañeros. Además, a quien lee le exigimos algo peor: que emita un claro mensaje hacia el oyente y que a la vez comprenda lo que lee, le pedimos que sea emisor y receptor al mismo tiempo, sin caer en la cuenta de que para captar el significado del escrito se utilizan estrategias diferentes e incluso opuestas a las que se requieren para la transcripción fonética del mismo. Este es el modelo lector que desarrollan muchos profesionales de la enseñanza, y bajo el que subyace la idea de que aquel alumno que pronuncia y entona correctamente comprende un escrito.

 

Implicaciones

La generalización de las prácticas de las lecturas escuchadas, mediante el audiolibro o mediante cualquier otra técnica o procedimiento, precisa un trabajo más intenso y decidido en torno a la habilidad de comprensión oral: la escucha. La persona que oye un relato no necesita expresarse oralmente; no se le exige que tenga que escribir nada; tampoco que tenga que descifrar con la vista unas grafías y, por consiguiente, leer un texto. Necesita una notable capacidad de comprensión oral; necesita tener suficientemente entrenada la capacidad de escucha, que solo se podrá ejercitar con la práctica de las habilidades orales, tan olvidadas en los ámbitos educativos.

La capacidad para comprender un discurso oral (una lectura escuchada estaría así considerada) es un saber difícil e intrincado que depende de múltiples factores. Pero este saber complejo se puede enseñar y se puede aprender con una intervención didáctica. Para el desarrollo y enriquecimiento de la comunicación oral en su doble vertiente, comprensiva y expresiva, se pueden utilizar diferentes técnicas y recursos: la conversación, la recitación, la dramatización, la exposición oral, la descripción, la narración, la discusión, el torbellino de ideas y, cómo no, la lectura escuchada.

Algunas actividades concretas, muy ligadas a lo que se va a necesitar para la escucha comprensiva de relatos o lecturas, serán: memorizar y reproducir relatos breves, presentar historias y concluirlas, facilitar un final e inventar la historia, inventar textos donde solo figuren determinadas clases de palabras, etc. No podemos olvidar que se deben incluir también actividades que ayuden a desarrollar las habilidades cognitivas y de reflexión.

 

Referencias

Fox, M. y Guix, J. C. (2003), Leer como por arte de magia: cómo enseñar a tu hijo a leer en edad preescolar y otros milagros de la lectura en voz alta, Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S. A.

Nievas Molina, E. (2011), Mejoro la lectura oral, Granada: Editores Educatori Izquierdo.

Puppo, F. y García Rodríguez, E. (2004), Manuela, lectura con CD, nivel elemental, Madrid: Edinumen.

Vílchez Gordillo, J. C. (2007), Metodología del análisis de la lectura oral y de la enseñanza de la lectura expresiva, Granada: autoed. 

 

 

Fecha de ultima modificación: 2014-04-02